domingo, 15 de septiembre de 2013

Arquitecto contemporáneo: Tommy Schwarzkopf

                                                                               

Arquitecto contemporáneo: Tommy Schwarzkopf

BIOGRAFÍA
                                                                                                                                                      Tommy Schwarzkopf nació en 1954 y es arquitecto de profesión. Estudio en la Universidad Central Del ecuador. Él es el director general de Uribe y Schwarzkopf,aquí una entrevista donde se conoce detalladamente la vida del arq. Tommy Schwarzkopf desde sus inicios en la construcción hasta los días actuales. 
Treinta y ocho valiosos años han transcurrido desde el día en que el Arq. Tommy Schwarzkopf, junto al Arq. Bernardo Uribe y al Arq. Felipe Londoño, abrieron las puertas de la que es hoy una de las empresas más representativas de la industria de la construcción.
En el camino quedó la sociedad con Londoño y Uribe, pero la amistad y el respeto profesional prevalecen. Tommy es quien hoy lleva las riendas de esta empresa, con el indispensable apoyo de su hijo Joseph, y más de dos centenares de trabajadores competentes que han entendido la sensibilidad del negocio.
En esta agradable conversación con Tommy, nos remontamos a aquellos días cuando reinaba el sucre, los intereses exhorbitantes marcaban la inaccesibilidad de crédito, y la ciudad buscaba el norte de su crecimiento.

Hablemos del año 1973…
Empecé a construir exactamente a mis 20 años. Mi primera obra fue un edifico de departamentos que está ubicado en la Mañosca. No era una época fácil. El sucre se devaluaba, no había crédito a largo plazo, no había una ciudad consolidada y proponer condominios era cuesta arriba porque la gente definitivamente prefería vivir en casas.
¿La sociedad con los arquitectos Londoño y Uribe empezó ahí?
Empecé solo. Después de mi primer edificio nos asociamos. Felipe permaneció en la sociedad alrededor de 15 años. Se retiró de la empresa porque regresó a su país de origen, Colombia. Con Bernardo fuimos socios hasta hace un par de años.                                                                     ¿Cómo era el Quito de la década de los 70?
Quito era una ciudad que comenzaba a desarrollar sus ejes, no estaba todavía muy bien definida. En el extremo norte, La Colón era la última calle pavimentada. Hasta fines de los 60 la Orellana era una calle de tierra y la Av. Amazonas no llegaba hasta el Parque La Carolina. Las claves estaban en encontrar los ejes hacia los cuáles la ciudad iba a crecer, y en trascender de la vivienda unifamiliar hacia la vida en condominio.
¿Esos ejes de crecimiento fueron los que usted anticipó?
En ocasiones nos equivocamos. En un momento dado pensamos que la Mitad del Mundo sería un eje de crecimiento pero, a pesar de que las condiciones eran óptimas, se ha dado en menor escala. Los ejes ahora están totalmente definidos. Por una parte el crecimiento se da por la Av. 6 de Diciembre hacia Carcelén, por otro lado hacia Cumbayá y por otro hacia Sangolquí.
¿Sectores consolidados?
Evidentemente la Av. República de Salvador, la Av. Naciones Unidas y la Av. Shyris están totalmente consolidadas. Más aún con la gran obra de valor humano que está haciendo la Alcaldía en las veredas del sector. Ahora habrá más espacios para caminar, más estacionamientos y todo esto con las ventajas que brinda el vivir frente al Parque La Carolina. Los bienes raíces serán mucho más cotizados.
¿Solamente por la ubicación?
La ubicación es lo más importante, pero ahora la gente busca muchos otros atributos adicionales. Por ejemplo: seguridad, áreas de esparcimiento cercanas y espacios comunales óptimos para el estilo de vida que quieren tener.                                                                                              
¿El comprador se ha vuelto más exigente?
Sí, y cuando construyes condominios esas exigencias se pueden cumplir sin necesidad de encarecer el producto. Esta exigencia de parte del comprador evidencia que el nivel de vida está subiendo sin necesidad de que los ingresos hayan subido tremendamente. Lo que hoy es vivienda de clase media, hace 40 años era vivienda de ultra lujo.
¿Cómo eran los edificios de clase media hace 40 años?
Tenían un corredor de entrada, un pequeño cuarto que era el salón comunal y probablemente nada más. Nosotros empezamos a romper esquemas con edificios para clase media que tienen un gran recibo de ingreso muy bien decorado, áreas sociales totalmente implementadas, todo tipo de comodidades, facilidades contra incendios, rutas de escape y espacios que antes no se pensaban. Todo esto en pos de mejorar la calidad de vida de la gente.
¿Todo se resume en calidad de vida?
Sí, y no sólo dentro del departamento o casa sino en el conjunto residencial en sí. Esto trasciende al barrio y a la comunidad. Creo que el Alcalde ha comprendido bien y se ha dado cuenta que la gente busca espacios seguros donde caminar, pasear, comprar, etc.
¿Se refiere a los nuevos boulevares?
Los veo con muy buenos ojos. Tanto al paseo que va paralelo a la Av. Naciones Unidas como el de la Av. Colón. Ojalá se pudiera replicar en la Av. República del Salvador. Esto mejora el aprecio del quiteño por su ciudad.
¿Cuántos proyectos tiene en ejecución?
Varios. Como empresa, finalmente hemos trascendido de la planificación, diseño y construcción de obras puntuales encargadas por los dueños del terreno, a lo que realmente queríamos hacer: negocios inmobiliarios.
¿Negocios inmobiliarios?
Evidentemente teníamos en mente la idea de entender los ejes hacia los cuales la ciudad crecería para comprar terrenos y desarrollar proyectos inmobiliarios para atender la demanda. Queríamos ser proactivos.
¿Fue fácil?
Por el contrario. En esa época la banca privada no otorgaba créditos hipotecarios y si bien el IESS lo hacía, era un problema obtenerlo. Las tasas eran sumamente altas; los plazos eran de 6 meses, renovables; la devaluación era precipitante. Había los famosos préstamos de terceros, que los hacía la banca, pero eran carísimos.
¿Cuál fue el camino?
Inventar fórmulas para que el comprador pueda financiar la entrada de su vivienda y luego apoyarlo para financiar el resto. Poco a poco fuimos lográndolo, siguiendo el ejemplo de lo que sucedía en Colombia, donde el negocio inmobiliario está adelantado a Ecuador con decenas de años.
Cuando habla de inversionistas, ¿a quién se refiere?
A una serie de personas que han invertido en nuestros proyectos desde hace muchos años, a través de diferentes fideicomisos. También a los bancos y a los compradores de vivienda que invierten sus ahorros en nuestra obra, y por qué no decirlo, al Municipio que invierte en infraestructura para que la ciudad siga creciendo y podamos seguir construyendo.
¿No había crédito para el comprador?
Ese era el problema. O no existía, o las tasas eran elevadísimas, tanto así que las condiciones eran imposibles para la clase media. Gracias a Dios eso ha cambiado y hoy tenemos no sólo a la banca privada sino también al BIESS que va a muy buen ritmo. El 40% de nuestros clientes necesita de crédito a largo plazo para comprar su primera casa. El 60% son personas que buscan mejorar su vivienda y la compran con el dinero que obtienen de la venta de su primera casa. El saldo normalmente lo pagan con fondos propios.
¿Cómo está integrado ese 40% que sí requiere de crédito?
Son parejas jóvenes que de ninguna manera podrían comprar vivienda sin crédito y sin formas de financiar la cuota de entrada. Nosotros tenemos un producto que se llama Vivienda Express a través del cual encontramos la forma de que cada cliente obtenga financiamiento. Creo que cada vez la banca tendrá que financiar un porcentaje más alto del valor de la vivienda. Las cosas pueden ponerse duras…
¿Se refiere a un posible impacto de la crisis mundial?
El Ecuador no es un espejo de lo que sucede con la economía mundial, de momento vivimos un panorama de estabilidad gracias al dólar. En el negocio de la construcción no hemos tenido un boom, pero tampoco una caída precipitosa. Más bien la línea de crecimiento ha sido casi estable durante los últimos 20 años y hay que actuar planificadamente para que todo siga así.
¿Usted hace los diseños arquitectónicos de los proyectos de Uribe & Schwarzkopf?
Los guío. Busco conseguir la mezcla perfecta entre funcionalidad, diseño y apetencias del mercado. Tenemos arquitectos de planta que trabajan en la empresa y otros independientes que contratamos para proyectos específicos, como Christian Wiesse. Hay una nueva generación de arquitectos de primera línea que plantean proyectos muy interesantes. Estamos haciendo un proyecto con Diez+Muller Arquitectos que son excelentes. Soy un firme creyente de la renovación. Hay que mejorar ideas y renovar energías.
¿Qué predomina? ¿Funcionalidad, diseño o apetencias del mercado?
Funcionalidad. En base a esto debe surgir el diseño. Soy totalmente contrario de que a partir del diseño se implemente la funcionalidad. Tal como están las cosas ahora, con los costos del metro cuadrado, no puedes desperdiciar espacios, la función es lo principal y luego terminas con el diseño. Es impensable que para cumplir con una arquitectura exterior se creen terribles espacios interiores.
¿Cómo aplica esta funcionalidad cuando diseña sin saber quién es el usuario final?
Hacemos estudios. Sabemos anticipadamente quién será ese usuario final. Puede no tener nombre todavía, pero sabemos exactamente a quién nos dirigimos con cada proyecto. Uno de nuestros aciertos, tal vez la clave del éxito de esta empresa, es que estudiamos al grupo al que direccionamos el proyecto y, en base a ese conocimiento, maquetamos la idea correcta.
¿De dónde surge la creatividad?
Cuando comencé tuve la suerte de ser socio de Felipe Londoño. Él fue una guía muy fuerte dentro de la empresa, es un profesional excepcional. A esto se suman los viajes, conocer lo que se hace en otros países, nuevas tecnologías, etc. La universidad te enseña la obra de arquitectos famosos, tomas ejemplos de países vecinos, pero son los años de experiencia los que te ayudan a discernir lo que puede, y no puede, ser aplicado acá.
¿Por qué se destaca su servicio al cliente?
Porque hemos logrado implementar una organización que cubre todos los espacios de atención al cliente. Tengo que admitir que mi hijo Joseph, que es una locomotora de trabajo, le ha dado un enorme empuje a la empresa, a tal punto que no me quedó más remedio que salirme del esquema fijo que en un inicio me había propuesto para el tamaño de esta empresa. Las ideas de Joseph, sumadas a la sociedad que tenemos con un grupo chileno, nos han dado nuevas perspectivas.
¿El tema laboral ha variado en estos años?
El cambio ha sido drástico. Ser empleado de la construcción hoy en día es como ser médico o ingeniero. Se han fomentado tanto las especializaciones que un maestro de calidad gana lo mismo que un ingeniero. Nosotros protegemos a nuestros empleados no solamente con el IESS, sino que en todas las obras tenemos seguros adicionales para cada uno, pólizas que cubren todo riesgo.
¿Sus trabajadores son tan antiguos como la empresa?
Tenemos más de uno que está con nosotros desde el principio. El edificio que está junto a estas oficinas es un edificio sólo para empleados. Tiene consultorio con un médico permanente, hay un gerente de riesgos del trabajo, una sicóloga que trabaja en el tema emocional de los trabajadores para elevar su nivel de desempeño. La semana pasada recibimos con mucho agrado el certificado del Ministerio de Trabajo que afirma que cumplimos con todas las normas establecidas por ley.
¿Sus empleados son permanentes?
Un grupo sí lo son. Otros tienen especialidades que contratamos con empresas diferentes porque su función es temporal y específica. Hay una empresa que hace solamente las instalaciones sanitarias, hay otra que se encarga de temas de agua caliente, otra que hace el cableado, las paredes, etc. No pueden trabajar simultáneamente, la una entra cuando la otra sale. Las funciones están muy definidas. No tiene nada que ver con lo que hacíamos hace 30 años cuando todo lo hacía una sola persona. El cambio ha sido grande y positivo.
¿Cuánto tiempo le hubiese tomado hace 30 años levantar un edificio de los que construye ahora?
En tiempo, lo mismo. Lo importante es el resultado técnico. En cuanto al resultado monetario, antes se ganaba muchísimo más, porque no habían tantas opciones en el mercado y eso permitía que los precios de bienes raíces estén inflados. Hoy, el mercado, la competencia y la calidad imponen los precios.
¿Lecciones aprendidas?
Muchas, cada una en su justa medida. Tanto la dirigencia deportiva cuanto el paso por entidades públicas y mi gestión privada han sido enriquecedoras. Cada día se aprende algo nuevo pero llega un momento en el que debes parar de aprender empezar a dejar espacios para los que vienen detrás. Esta es una empresa familiar que cuenta con ejecutivos de alto nivel que han sido contratados bajo estrictos parámetros de selección. Actúan de acuerdo a su preparación, muy independientemente de cualquier opinión mía, y justifican su accionar ante una Junta.
Volviendo al tema de los ejes de desarrollo, ¿le apostaría al sector del actual aeropuerto una vez que se libere de las actuales normativas?
La planificación del Municipio de hacer ahí la estación del Metro va a generar un nuevo eje, pienso que primordialmente comercial. ¿Las razones? La Panamericana Norte es una vía muy transitada y la gente quiere evitar vivir en sitios tan transitados, con tanta bulla y esmog. Personalmente no soy partidario de construir un proyecto de vivienda en vías de alto riesgo como esta que, por su conectividad con la nueva vía al nuevo aeropuerto, tendrá un tráfico intenso de carga pesada y liviana.
¿Algún proyecto que ha
ya sido la piedra en el zapato?
Algunos, pero todos se han vendido con buen rendimiento financiero y han generado plusvalía para los compradores. En ocasiones nos hemos equivocado en el sector, pero hemos salido adelante. La satisfacción de nuestros clientes es la mejor prueba de nuestros aciertos. Tengo clientes que compraron en mi primer edificio, en la Mañosca, y que todavía siguen comprando en nuestros nuevos proyectos. Tengo inversionistas que confiaron en mí el primer día que empecé a construir. Ellos han fallecido, pero sus hijos siguen invirtiendo en mis proyectos.                                                                                                
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